martes, 11 de abril de 2017

CAPÍTULO III






      “LOS ESTIRAMIENTOS Y EL EJERCICIO MODERADO SON BUENOS”

(10-03-2017)

  
He estado asistiendo a un estudio de la Asociación de Fibromialgia (AFIJE), basado en el ejercicio y los estiramientos. Acudíamos dos días en semana en sesiones de una hora. Me ha gustado, me ha hecho sentirme más ágil y de camino me ha obligado a salir de casa –aunque llegaba molida-. Ya terminó, pero todos los días en la medida que puedo, repito algunos en casa, quiero comprometerme con ello.
El compromiso con la idea de mejorar es algo que debemos grabarnos a fuego, es la única forma de ir hacia adelante y no dar pasos hacia atrás, aunque deben ser metas a corto plazo, que nos veamos capaces de terminar. Un ejemplo sería salir a dar un pequeño paseo por los alrededores de casa, y poco a poco, día a día, alejarnos un poco más; otro, hacer estiramientos como en mi caso, un par de ellos o tres, e ir aumentando también con suavidad.
Cuesta trabajo mantener esta rutina, pero debemos intentarlo por lo menos los días en que no nos veamos muy achacosos, sería forzar nuestro cuerpo y tampoco es bueno. Hoy, cuando me levanté – o intenté levantarme- de la cama, desayuné, me tomé la medicación de turno y un par más para el dolor, aunque no sabía exactamente donde me dolía, y tuve que volver a la cama y hasta ahora (son las 14:00). No estoy mucho mejor, pero algo es algo, lo importante es superarlo y reiniciarnos.


CAPÍTULO II










“¿QUÉ NO ME DUELE?”

09- 03- 2017


Hoy ha sido mi cumpleaños no tenía ni idea de la cantidad de amigos que tengo. Saco esta conclusión, porque ya que en una red social como Facebook de momento se da la casi imposibilidad de recordar quienes te han felicitado, es un punto a favor de quién lo hace ya que no se ve obligado al compromiso, exceptuando los íntimos claro.
Mis chicas y chicos de Jerez (hija, yerno, nietos y esposo), han comido hoy en casa, me encanta que lo hagan, pero con tanto jaleo termino extasiada y no hablo de trabajo manual ya que mi hija se encargó casi de todo, sino de confusión mental, dolor de cabeza y agobio.
Así y todo ya que era un día especial, quedé con mi mejor amiga aquí en Jerez, Pepi, que es más bien como una hermana, para tomar café. Pues ¿sabéis? Al mismo tiempo que deseaba estar con ella, quería llegar a casa. Cuando llegué no podía más, ni con mi “alma”, pero claro no era momento de quejarse... “si estuvieras tan mal no habrías salido”. He hecho el último esfuerzo de contestar los mensajes de felicitación y ahora estoy totalmente agotada, me duele la cabeza, los hombros, las manos mientras escribo, las lumbares, las rodillas, las pantorrillas, los pies…quizás de vería decir mejor ¿qué no me duele?.
Mañana intentaré descansar un poco más, aunque no sea…políticamente correcto

CAPÍTULO I








"NUEVOS SÍNTOMAS"

                                                   30/03/2017

Desde la última vez que os escribí, el cambio físico en mi cuerpo ha sido notable. He aumentado de peso y no consigo perder. Quizás sea porque mi tiroides está bastante desajustado –la doctora ha tenido que aumentar la dosis del tratamiento- quizás porque desde el verano pasado he salido poco, primero por el calor- que si para una persona sana era excesivo, imaginaros para mí-, luego por el frío, porque llovía, por el dolor de los talones y la cintura a la altura de las lumbares, en fin, siempre tengo una excusa. Pero lo más importante eran las náuseas y vómitos que aparecían cada vez que entraba en lugares con aglomeración de gente, con olores químicos, la calefacción, se volvía muy angustioso para mí. Por eso como lo paso tan mal, prefiero no salir. No es agorafobia, de eso estoy segura, porque no tengo problemas para ir a casa de mis hijas u otros lugares donde vaya a permanecer poco tiempo. También creo que los medicamentos tienen algo que ver.

En un par de meses dos de mis nietos hacen la 1ª comunión y me gustaría perder peso porque a pesar de seguir con la dieta que me fue tan bien, he dejado de perder e incluso he ganado algunos kilos. No quiero poner excusas, pero el tiroides se me ha disparado por lo que la doctora me ha tenido que subir la medicación, y es cierto también que en los últimos meses apenas he salido de casa. Cuando intento ir andando, la fascitis plantar hace que tras diez minutos, no más, me duelan muchísimos los talones; si cojo el coche para ir al híper, en un principio llego bien, pero al rato entro en un estado de calor insoportable, a la vez que náuseas, y más de una vez he tenido que dejar la compra e irme a la calle. Sólo me entran ganas de volver a casa así que me monto en el coche y pongo el aire acondicionado –aunque sea pleno invierno-, pero ni así mejoro, el olor a combustible o a petróleo del plástico del interior convierten las náuseas en ganas de vomitar, llego a casa, subo los dos pisos, abro la puerta y voy directa al baño, pero lo peor es que no consigo vomitar, me voy al sofá, tomo algo para las náuseas y hasta las tres o cuatro horas no me pongo mejor.
Por la mañana no quiero salir, estoy agotada y no quiero pasar por lo mismo otra vez.
En resumen, entre el problema de tiroides, de la fascitis y de la fatiga crónica, me he vuelto más inactiva. Y sé que debo cambiar, por mí sobre todo.



miércoles, 1 de marzo de 2017

¿UTOPIA?

                                                     


 ELLAS


Érase una vez que se era, un grupo de mujeres valientes a las que la vida les había roto algunos de sus sueños.
Entre ellas no se conocían, pero he aquí que la casualidad, el destino, la suerte o la decisión de ellas mismas, las llevó a un castillo encantado donde conocieron a tres estrellas. Una era la confianza, otra el amor a sí mismas, y la última, la positividad.
La primera les enseñó a recuperar sus propios yo; la segunda les proporcionó poder para sentirse igual de guapas por fuera como por dentro; y la positividad, aunque fue la que más trabajó, también consiguió su propósito, les dio alegría y fuerza para seguir luchando en la batalla.

Pero llegó el día en que tuvieron que abandonar el castillo y a las estrellas. Todas lloraban por la despedida, aunque lo que no sabían era que esas lágrimas eran vanas, porque las estrellas habían penetrado tanto en sus vidas y en sus mentes que jamás se separarían de ellas.

Cuando iniciaron el camino de regreso, iban cargando un equipaje menos pesado, pero más completo, en sus maletas llevaban a las estrellas y a todas aquellas mujeres que pasaron de ser desconocidas a compañeras de un mismo viaje.