Para adquirir un ejemplar de mi libro " Despertando a mi nueva Vida" escríbeme a: loslibrosdecarmen2003@outlook.es
jueves, 30 de marzo de 2017
miércoles, 1 de marzo de 2017
¿UTOPIA?
ELLAS
Érase una vez
que se era, un grupo de mujeres valientes a las que la vida les había roto
algunos de sus sueños.
Entre ellas
no se conocían, pero he aquí que la casualidad, el destino, la suerte o la
decisión de ellas mismas, las llevó a un castillo encantado donde conocieron a
tres estrellas. Una era la confianza, otra el amor a sí mismas, y la última, la
positividad.
La primera
les enseñó a recuperar sus propios yo; la segunda les proporcionó poder para
sentirse igual de guapas por fuera como por dentro; y la positividad, aunque
fue la que más trabajó, también consiguió su propósito, les dio alegría y
fuerza para seguir luchando en la batalla.
Pero llegó el
día en que tuvieron que abandonar el castillo y a las estrellas. Todas lloraban
por la despedida, aunque lo que no sabían era que esas lágrimas eran vanas,
porque las estrellas habían penetrado tanto en sus vidas y en sus mentes que
jamás se separarían de ellas.
Cuando iniciaron
el camino de regreso, iban cargando un equipaje menos pesado, pero más
completo, en sus maletas llevaban a las estrellas y a todas aquellas mujeres
que pasaron de ser desconocidas a compañeras de un mismo viaje.
miércoles, 15 de enero de 2014
CAPÍTULO XLIV
15/01/2014
Es la última
página de un libro –diario que me ha costado rellenar. En él van cosidas con
puntadas pequeñas, mis sensaciones y emociones con el dolor físico.
Lo leerá mi
familia, mis amigos, y también aquellas personas que un día optaron por seguir
mis reflexiones en un modesto blog de internet. E incluso gente que nunca oyó
hablar de mí, que nunca vio mi cara, aquellos que se verán reflejados en mis
reivindicaciones, pero sobre todo quiero y deseo, que lo lean todas y todos los
compañeros de dolor imparable y eterno y que en un momento dado incluso me
agradecieron plasmar con letras lo que ellos no sabían expresar con palabras.
Agradezco a
todos los que han hecho que los últimos doce años hayan sido más fáciles de
sobrellevar, y a los que, aunque estuviera a punto, no me dejaron tirar la
toalla, a los que me mostraron un camino que yo no sabía que existía, y, a los
que nunca me dejaron sola.
CONTINUARÁ...
Imágenes descargadas de Internet
martes, 7 de enero de 2014
CAPÍTULO XLIII
Quisiera describir de una forma
adecuada y sin que nadie se sintiera herido, mi estado de ánimo, y eso es muy
difícil. La psicóloga me recomienda continuamente que debo educarme en ser yo
misma le pese a quien le pese, y que si para no herir a los demás tengo que ser
otra, mi salud terminará pagándolo.
Llevo toda la vida intentando ser
buena hija, buena hermana, buena tía, buena madre, buena esposa y ahora buena
abuela. Pero ¿qué es ser buena en todo eso?, ¿decir lo que los demás quieren
oír y hacer lo que les conviene aunque me perjudique a mí misma? Vito, mi
primera psicóloga, y Carmen, la actual, coinciden en que ¿para cuándo iba a
dejar lo de ser buena “yo”, es decir, buena para mí misma?
Lo intento, que conste que lo
intento, pero siempre termino estrellándome, hay enfados, malestares, y yo
termino sintiendo que he actuado mal. Y los consejos que recibo son que eso me
debe resbalar, que el ser humano tiende a la autodefensa y que eso no sirve
solo para mí, sino también para los que me rodean. Eso es lo que debe cambiar,
alguna vez yo tengo que ser ellos y ellos ser yo.
Parece enrevesado pero no lo es,
simplemente algunas de las personas que nos rodean, se dan cuenta de que hemos
cambiado, que no somos las mismas, que no podemos volver a serlo, pero no lo
admiten, ¿y cómo solucionarlo?, forzándonos emocionalmente a esa marcha atrás
para intentar recuperar aquella parte de nosotros que más les gustaba. Lo
penoso, es que lo hacen sin darse cuenta (quiero creerlo así) de que nos
provocan más mal que bien, que por no querer aceptarnos tal y como somos ahora,
nos hacen mucho daño, y si ya de por si nos cuesta trabajo vivir una vida
nueva, pero llena de altibajos, dolores, cansancio y diez mil cosas más, por si
solas, deberían imaginarse lo que nos cuesta, si encima no recibimos su apoyo y
su ayuda.
“La fibromialgia genera sentimientos tanto en el paciente como en los
otros miembros de la familia. Es indispensable expresarlos sanamente para
evitar resentimientos y actitudes hostiles que solo pueden empeorar los
síntomas o causar crisis en el enfermo”
(totalcure.xyz).
domingo, 29 de diciembre de 2013
CAPÍTULO XLII
Van acabando las páginas de otro año
más.
En el recuerdo tantas amistades que
se han fraguado a lo largo de mi guerra con la fibromialgia, los del grupo de
Google, Maskamigas, mis amigos y compañeros de la universidad. Todos ellos,
absolutamente todos, están dejando una huella en mí, que nunca nadie podrá
borrar. Me han apoyado en mis peores momentos, y se han alegrado conmigo en las
batallas que he ido ganando con ayuda, bien a través de sus palabras escritas,
del pequeño micrófono de un teléfono, o directamente al oído sentados a mi lado
en la terraza de un café, pero siempre salidas de sus corazones.
Los que ya no están, y los ausentes
porque así lo quieren, dejan un halo de nostalgia en la mesa de estos días que
nos impide estar del todo contentos. También esa pizca de tristeza, que no
echamos hacia fuera y que se queda dentro, nos provoca apatía y sensación como
de tener ganas de que todo termine.
Y particularmente hablando, estas
Navidades han sido para mí un poco tristes, me voy dando cuenta que cuando los
hijos se van porque han formado su propia familia, se van olvidando poco a poco
de la que dejaron atrás. Y no son reproches, yo lo comprendo, pero antes lo que
peor podía ocurrir era que aumentara el número de comensales a la mesa o las
visitas a los familiares, ahora es que disminuya. Yo que he sido persona de
gustarme esos momentos de reuniones familiares en masa, sobre todo cuando aún
vivía con mis padres y a veces nos reuníamos en casa de los tíos hasta treinta
personas, que cantaban bailaban, contaban chistes y conseguían que las sonrisas
se quedaran congeladas en nuestras bocas durante varios días, me cuesta trabajo
acostumbrarme al sistema actual y automático de preparar la cena, comer, y que
cada uno vuelva a su casa porque se están quedando dormidos en el sofá.
Y no tiene nada que ver con el
dinero, en casa de los tíos primero y en casa de mis padres después, no se
colocaban sobre la mesa las caras viandas que se suelen poner hoy en día. La
tía hacía un buen puchero o una berza jerezana, y cada cual después añadía lo
que podía, traído desde casa, pero cosas como un salchichón, un chorizo, algo
de queso, y de postre los típicos navideños, turrones, roscos, polvorones y a
veces hasta mazapanes (hoy está de moda hacer postres en la Thermomix).
Con esto quiero decir, que teniendo
el espíritu familiar y tomando las Navidades como una excusa más para pasarlo
con la familia lo mejor posible, no hace falta nada más para entrar en el
siguiente año con las energías renovadas para enfrentarnos a nuestra “querida
enemiga”.
CONTINUARÁ...
(Imágenes descargadas de Internet)
(Imágenes descargadas de Internet)
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

